Guillermo
Martín Caviasca
LA
HISTORIA ME ABSOLVERÁ, VIGENCIA DEL ALEGATRO DE FIDEL
Un
replanteo de los desafíos presentes para ver si la historia nos absuelve
Si queremos que los hombres nos
sigan hay que enseñarles un camino y una meta digna de cualquier sacrificio. Lo
que fue sedimentado con sangre deber ser edificado con ideas.
Hace
50 años Fidel Castro pronunciaba su alegato final en el juicio que se le seguía
por el intento de derribar al régimen de Batista; su alegato terminaba con la
profética sentencia “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”. Seis
años después las tropas del ejército rebelde entraban en La Habana y el
gobierno revolucionario comenzaba a poner en práctica el programa que Fidel
había expuesto en aquella declaración.
Pero,
¿qué fue lo que permitió el acenso de los revolucionarios al gobierno? ¿Cómo
lograron concenso de las masas? ¿Qué permitió que el alegato de Fidel no cayera
en el vacío? El asalto al cuartel de la Moncada, militarmente frustrado, había
oficiado como un gran hecho de
propaganda armada, colocando a los jóvenes ortodoxos disidentes[1]
en la primera línea de la atención del pueblo cubano. De modo que seis meses
después, durante el juicio oral y público, Fidel pudo transformar su alegato en
un hecho político de envergadura, dando a conocer un programa revolucionario
que --si bien tenía similitudes con muchos programas antiimperialistas y
populares--, contaba con el respaldo de la sangre de 61 jóvenes caídos en su
defensa, lo que lo hacía mucho más creíble para el pueblo. Es en estos meses
cuando comienza a perfilarse ante las masas cubanas una nueva fuerza política
claramente diferenciada del evolucionismo de los comunistas cubanos[2]
y de la impotencia del populismo ortodoxo.
A partir de allí mucho dependerá de la coherencia y la capacidad de los
revolucionarios para ganarse a las masas: “Si queremos que los hombres nos
sigan hay que enseñarles un camino y una meta digna de cualquier sacrificio. Lo
que fue sedimentado con sangre deber ser edificado con ideas”[3],
escribe Fidel entonces.