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martes, 6 de noviembre de 2012

Frente a las elecciones nacionales del 2007. La debilidad de los trabajadores


Más allá de las elecciones: sobre la debilidad del campo popular

En el siglo XVIII el filósofo escocés David Hume reflexionaba que uno de los principales desafíos de las ciencias sociales era explicar "como tan pocos podían dominar a tantos durante tanto tiempo". En el siglo XIX Marx presentó la idea de que la evolución de la sociedad nos llevaría hacia la aparición de condiciones para lograr la libertad: la transición del capitalismo hacia el socialismo o comunismo. En el siglo XX el historiador Erik Hobsbawm reflexionaba, al final de uno de sus estudios sobre la revolución industrial, que luego de casi 100 años de oponerse a las luchas de los trabajadores por el sufragio universal, la burguesía se vio obligada a aceptarlo. Y que muy grata fue su sorpresa cuando el temido poder del numero (que tenían los oprimidos) no se reflejaba en un cuestionamiento grave de su poder político.
Hume filósofo empirista representaba sin dudas el espíritu de la burguesía en ascenso. Marx, en el mismo sentido, lo hacía respecto del proletariado. Hobsbawm, mas bien, constata, con cierto cinismo ingles, que las luchas por la emancipación humana no siguieron caminos lineales y que el optimismo socialista del siglo XIX y (y del XX) resultó ser excesivo. Pero todas estas reflexiones se pueden encuadrar en una sola pregunta: ¿Cómo domina la case dominante? indudablemente sus mecanismos no son transparentes.
 Las ideas de alienación y fetichismo fueron un primer paso en entender el funcionamiento orgánico de sociedades donde la coerción no aparece como mecanismo principal de dominación (o permanente). El concepto de hegemonía en la elaboración gramsciana fue el intento más concienzudo de responder a las preguntas que nos planteamos hoy: la dominación se expresa en todos los terrenos y uno de sus componentes principales es la aceptación por parte de los oprimidos de que las condiciones sociales en su sustancia más profunda son las "normales": es la dominación ideológica que abarca inclusive las organizaciones de los oprimidos. 
No basta la comprensión abstracta de las necesidades populares, ni el compromiso con las luchas justas. El salto de los reivindicativo a los político requiere de la comprensión de las "estructuras de significación" (y de las otras) que median la formación de la conciencia que el trabajador común se hace de la realidad política que lo rodea. Y esa comprensión tiene un componente central específicamente nacional, histórico y de clase (con matices o diferencias en las diferentes clases).
 Esta reflexión pretende exceder al triunfo de la derecha pura neoliberal en la CABA En un par de meses ganará Cristina sin embargo nuestras incapacidades (de dar vuelta la tortilla del poder) seguirán vigentes, solo con la amenaza de que otros 4 años después tengamos que aceptar que en elecciones democráticas la peor derecha llegue al gobierno. Niego enfáticamente que el desdén por lo que sucede en "el terreno del enemigo" (léase: las elecciones, como plantean compañeros desde posiciones aún más débiles que las del trosquismo) sea una respuesta después de 30 años de democracia burguesa: es solo una muestra de la incapacidad de reconocer nuestra debilidad, condición inicial para pensar superarla. 
Indudablemente los caminos de la emancipación de los oprimidos son más largos y complejos de los que nuestras capacidades políticas y teóricas nos permiten abordar en el presente argentino. Si no superamos el pantano actual, los apologistas de la "resignación combativa" seguirán siendo el "baluarte" contra el fantasma (a veces muy real) de la nueva derecha democráticamente legitimada.
Lo que reafirmamos es que la revolución es deseable y necesaria y la política es para nosotros la capacidad de transformar esa necesidad en posibilidad.
Guillermo Caviasca

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