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jueves, 1 de noviembre de 2012

Jauretche y la cuestion del sionismo, de la nacionalidad de los inmigrantes y colectividades


En el número siguiente de "Horizonte" (26/12/64) aparece la contestación de Jauretche titulada: "Sin prejuicios, sin odios, sin rencores:"

               “En el N0 13 de “Horizonte”, el señor Jaime Finkelstein se refiere al reportaje que ustedes me publican en el número anterior, en la parte referente al sionismo. Agradezco los amables juicios que hace sobre mi modesta personalidad y voy al grano con algunas puntuaciones pues no es mi propósito polemizar, sino dejar suficientemente esclarecido lo dicho entonces.
               Es elemental que siendo la mía una posición nacional-argentina tiene que chocar con una posición nacional-sionista en los hijos del país como chocaría con una posición nacional-árabe, etc. en cuanto el carácter político de esa posición nacional no argentina significaría transferir el desarrollo de esa posición a nuestro ser nacional. Para mí es elemental que nosotros sólo podemos ser un país existente como nación en cuanto sus hijos sean exclusivamente nacionales, es decir, en cuanto no sea posible que desdoblen su personalidad en dos líneas políticas nacionales que pueden ser coincidentes, pero que pueden ser opuestas.
               No es la primera vez que este problema se plantea en la Argentina y ya a fines de siglo pasado tuvimos las dificultades que creaba la pretensión de ciertos círculos italianos del exterior de considerar a los descendientes de los peninsulares como súbditos del país de sus padres. Precisamente porque sé lo que ha significado la contribución judía en hombre, en trabajo y en cultura al quehacer nacional es que quiero que deje de ser judía para ser argentina. Si otro criterio hubiese primado con respecto a otras colectividades tan respetables y numerosas como las judías, este país no sería una nación, sino un campamento de colonias extranjeras. Aquello de “todos los hombros del mundo que quieran habitar el pueblo argentino” está condicionado a que quieran ser argentinos, plenamente argentinos como hombres y no como miembros de una colectividad. Importa una doble obligación: para los que ya son argentinos, la de no crear ninguna dificultad y facilitar la identificación de los descendientes de los inmigrantes sin hacer cuestión de raza, religión, ni idioma de los padres; pero importa también la obligación de facilitar la definitiva y total incorporación de sus hijos a cargo de los inmigrantes. Ya no hay en el país ítalo-argentinos, ni hispano-argentinos, ni tampoco vasco-argentinos, como en mi caso. Aspiro a que tampoco haya judeo-argentinos.
               Las razones que da el señor Finkelstein son de gran valor histórico y evidentemente constituyen parte de las dificultades específicas que hacen más difícil la identificación total de los judíos con el país que los de los miembros de otras colectividades. Pero el sionismo no intenta resolverlas porque en él, como es lógico, no pesan las razones nacionales nuestras sino las razones nacionales sionistas, muy respetables para los judíos y muy comprensibles para mí como hombre abstracto, pero no como hombre nacional de esta colectividad argentina formada por descendientes de españoles, italianos, indígenas, judíos, etc.
               Aviados estaríamos aquí si, por ejemplo, en cada elección política los candidatos, en lugar de plantear los problemas comunes de los argentinos, plantearan los problemas de cada colectividad, tratando de ganar los ciudadanos que componen el país, no por las razones nacionales identificantes nuestras, sino por las razones disgregantes de otro nacionalismo. Y aquí quiero recordarle que en la última elección presidencial, algo tiene que ver el sector sionista con la votación que tuvo el General Aramburu, especialmente a través del Partido Demócrata Progresista, en zonas en donde no hay un demócrata progresista para muestra. Esto no contribuye a eliminar el problema judío sino a agravarla, en cuanto un sector de los descendientes de judíos puede aparecer moviéndose por razones que serán muy nacionales desde el punto de vista sionista pero que no lo son desde el punto de vista nacional argentino.
               Y esto se hace más evidente recordando que por las aptitudes intelectuales de esa colectividad no es la programática del Gral. Aramburu la que pudo mover los votos sionistas. Este es un tema que los expertos en análisis electorales han callado deliberadamente con la hipocresía habitual con que se trata esta cuestión y a la que ya me he referido en la nota respectiva. Hubo una consigna nacionalista ahí, que no era la consigna nacional de los argentinos entre los que están incluidos los judíos
               Pero 'Horizonte' además de ser sionista es un periódico socialista. Para los socialistas, como lo he dicho en ese reportaje, nada puedo agregar a lo expresado por dos eminentes judíos; Carlos Marx y Abraham León. Que los sionistas sean socialistas en Israel me parece completamente lógico, pero que los socialistas sean sionistas en la Argentina me parece un absurdo. El fundamento de ese sionismo en un socialista no puede ser racial ni religioso. Y no siendo racial ni religioso, lo encuentro carente de sentido, cuando postula una doble finalidad fundada sólo en motivaciones históricas.
               Los demás inmigrantes han dejado su historia atrás. Los judíos tienen la suya documentada en el libro más grande y más antiguo. Pero italianos, españoles y franceses tienen la suya a la que no se consideran adscriptos sus descendientes empeñados en la tarea de hacer esta modesta historia nuestra que recién estamos comenzando. De otra manera y una vez escindido el país en descendientes de colonias extranjeras, terminaríamos por hacer de esta Patria una especie de mar polinésico - un amontonamiento de ghettos en formas de islas - por entre cuyos canales andarían navegando los últimos gauchos vestidos de vigilantes para impedir las peleas de isla a isla o para vigilar las transacciones pacificas de ghetto a ghetto. Y nosotros, los que somos el producto de la cruza de varias nacionalidades, que ha facilitado el ser una nación y no un agregado de minorías nacionales, carentes de ghetto propio, seriamos los parias, sin patria y sin isla propia.
               Por lo mismo que las razones judías del señor Finkelstein son valiosas le he tenido que contestar con estos conceptos elementales a que su posición me lleva y es que la doble nacionalidad no existe ni es admisible, porque significa la no existencia de nuestro país como nación. Yo no sé si para los sionistas este planteo implica el 'to be or not to be'. Para los argentinos, sí. Y por eso me resulta tan dañoso el antisemitismo como el sionismo en cuanto quieren establecer una diferencia nacional entre los argentinos. Y como 'Horizonte' expresa a un grupo no religioso del sionismo, le puedo
sintetizar con comodidad con un chiste amable que tal vez fuera mal recibido por un creyente: en cuestión de nacionalidad no se puede tener 'la chancha y los 20'.”

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