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domingo, 24 de enero de 2016

Algunos aspectos de la situación nacional a un mes de la asunción de Mauricio Macri



Articulo periodístico para la CGT de Valencia
Vivimos un mes donde el desconcierto por el inesperado escenario del triunfo de la derecha neoliberal moderna colocó a la mayoría de las organizaciones populares y la militancia en la necesidad de revisar sus planes y sus ideas para el tiempo presente. Esto generó una situación complicada con poca o nula resistencia donde el macrismo avanza en sus ideas fundamentales promercado con suma rapidez.
Esta velocidad es lógica ya que el PRO no dispone de suficiente consenso popular para un plan extremo como el que se manifiesta y por lo tanto aprovecha el desconcierto y la impunidad de las primeras semanas de gobierno. Su consenso es “antiK” más que neoliberal. Por ello debe realizar estas medidas en “cascada” sin que sus efectos lleguen a notarse. Algunas, como la vuelta al sistema tradicional de la deuda y la vuelta a la desnacionalización petrolera (es de destacar que el K nacionalizó solo un 30% del petróleo) por ejemplo, tendrán efecto negativos estructurales para la soberanía y el bienestar de la mayoría de la población pero en un mediano plazo.
Pero otras medidas como las que afectan al consumo popular, los salarios y la estabilidad laboral tienen efectos inmediatos y pueden hacer que el consenso antiK sea insuficiente si el tiempo pasa y sus efectos se notan. Por ello lanza esta “ofensiva relámpago” para conseguir implementar las medidas fundamentales antes que su capacidad de avance se agote o la resistencia en algún punto lo obligue a detenerse.
Aprovecha además, tres elementos. El verano (la población se encuentra mas “relajada”, la militancia de vacaciones), la tibieza de la única corriente masiva en condiciones de movilizar (el K) y la división y degradación política de una parte sustancial de la dirigencia sindical.
Sin embargo evaluamos que desde la fuerza social de la clase obrera organizada sindicalmente, (con sus dirigentes tradicionales) seria la única opción en el corto plazo para que surjan algunas acciones en condiciones de hacerle ruido a la ofensiva macrista. Recordemos la afirmación brutal de Prat Gay (ministro de economía) sobre de que los sindicalistas debían elegir entre despidos y caída salarial (digna de Martínez de Hoz superministro de la dictadura)
La velocidad de la ofensiva parece ser justamente una estratega que tiene en cuenta la debilidad relativa del consenso numérico de su plan a nivel popular, pero la fortaleza real de los grupos con poder económico, político, financiero y espacios de gobernabilidad del estado (como el poder judicial) para darle apoyo y “blindaje” inicial.