Apuntes sobre Venezuela
Por: Guillermo Martín Caviasca 12/12/2007
La derrota de la propuesta de reforma
constitucional presentada por Chávez el pasado 2 de diciembre nos sorprendió a
todos. No tanto por el hecho de que una política propuesta por el presidente no
se pueda materializar sino por la forma en que esta fue rechazada: el
plebiscito.
Desde nuestro campo consideramos que en general una iniciativa de plebiscito
lanzada desde el Estado para aprobar reformas de carácter eminentemente popular
resistida por las minorías reaccionarias es un método imbatible e indiscutible
mediante el cual sin dudas se aprueba cualquier medida progresista y se calla a
la oposición en forma democrática.
Justamente el resultado adverso debe llamarnos a la reflexión. ¿Qué elementos
convergieron para producir esta derrota? ¿Qué consecuencias traerá esta? ¿Qué
desafíos?
Mas allá de las críticas que podamos hacer al proyecto de reforma o al proceso
en su conjunto y siempre eludiendo caer en el intelectualismo pequeño-burgués
de utopías abstractas o el seudo- izquierdismo gorila, debemos problematizar
esta nueva situación que incide sobre toda Latinoamérica.
Es indudable, para cualquier persona que haya tenido acceso a la lectura de la
propuesta de Chávez, que ésta era un enorme avance sobre la ya bastante
progresista (pero aún burguesa) constitución existente en el hermano país
caribeño (y también propuesta por Chávez y rechazada por la oposición).
Enunciemos algunas propuestas:
Asambleas comunales como célula de organización política.
Milicias bolivarianas.
Declaración de socialista y antiimperialista
del Estado y las FFAA.
Democratización y nacionalización de la universidad.
Gran ampliación de los derechos sociales
y laborales.
Reelección presidencial.
Poder popular.
Poder presidencial de intervenir en
zonas consideradas estratégicas.
Constitucionalización de la organización
social de la producción.
Proscripción del latifundio
Por mencionar solo algunas.
Estas propuestas, tal como criticaban algunos, eran en varios casos solo
enunciaciones que no significaban un camino asegurado. Pero más allá de la
ambigüedad de las milicias o la dificultad de la configuración espontánea de
consejos comunales, solo las leyes sociales y laborales que la constitución
implicaba eran un gran salto adelante. Desde nuestro punto de vista las
propuestas debían se vistas como puertas abiertas para que el movimiento
popular avanzara hacia la construcción de una nueva sociedad y un nuevo poder.
He aquí una de las principales debilidades del proceso venezolano. Diremos
parafraseando a Gramsci que “el Estado es todo y la sociedad civil nada”. Que
el movimiento popular esta en pañales y que la fuerza del proceso venezolano
radica principalmente en el liderazgo del comandante Chávez y el apoyo
individual de las masas populares que ven en él uno de los suyos un dignificador
de ellos y su patria.
En Venezuela hay una especie de “revolución desde arriba” una revolución pasiva
de sentido inverso al pensado por el revolucionario italiano. Pero la cuestión
está en que la burguesía si cuenta, aún hoy, con herramientas de organización e
intelectuales propias mas allá del Estado. O sea es un proceso revolucionario
atípico donde no se ha derruido o expulsado hacia la ilegalidad el viejo
estado, sus personeros, ni las instituciones de las clases enemigas sino que se
convive con ellas en una permanente lucha interna.
A su vez el proceso también es atípico en la carencia de organización propia de
los revolucionarios social y política. En la práctica, que significa esto, que
entre el Estado y el pueblo no hay nada. O mejor dicho, entre Chávez y el
pueblo no hay nada. El mismo Estado no parece ser aún un estado monolíticamente
Chavista, mucho menos revolucionario, es un aparato plagado de contradicciones
donde lo nuevo y lo viejo convive en disputa y esto se nota charlando u
observando las actitudes de diferentes funcionarios y aparatos del mismo.
Algunos parecen sinceros revolucionarios, otros burócratas acomodaticios o lo
que es peor resabios de la IV república.
Si intentamos una comparación (seguro para muchos molesta) el peronismo (o
Perón) sin proponerse el socialismo contó con estructuras organizativas propias
de las masas (los sindicatos) que garantizaban una mediación y mas allá de
ellas la clase trabajadora argentina existía en tanto clase con conciencia de
si y capacidad de lucha propia mas allá de Perón y el Estado; por eso el
peronismo fue más peligroso fuera del estado que dentro de él. En Venezuela no
existen mediaciones y, si bien la capacidad de lucha del pueblo venezolano
quedo expresada en varias ocasiones, no parecen estar maduras las instancias
organizativas de masas capaz de transformar esa potencialidad en conciencia y
organización.
Sin dudas la revolución se pensó clásicamente con un protagonista determinante:
el partido. Muchas críticas podemos elevar hoy a ese esquema que daba al
partido revolucionario un protagonismo absoluto en el proceso. Esa crítica
despunto la idea de que los movimientos sociales tienen mucho que decir sobre
la revolución y mucho que hacer en ella. Pero esa crítica no debe olvidar de
que algún tipo de organización debe existir que permita desarrollar políticas
nacionales colectivas y unificadoras práctica e ideológicamente y, en el caso
venezolano concretamente, conducir la nación y organizar la lucha política e
ideológica interna y externa.
El propio desarrollo de la revolución bolivariana a través del liderazgo del
comandante Chávez, ha impuesto una cierta ausencia de una línea de cuadros
revolucionarios de conducción capaces de ser los hombres forjados en la lucha
que con un proyecto común conduzcan el proceso. Es como si Chávez estuviera
delante de la maduración subjetiva del proceso. Y aquí vienen otro problema que
muchos compañeros militantes que hemos conocido marcan, el PSUV no parece
destinado a cumplir el rol de organizador revolucionario, ni de articulador de
los mejores cuadros. Al contrario se critica el PSUV por la oleada de
oportunistas que se encaraman imponiendo una ortodoxia relacionada con la
adulación y no con la revolución. O sea se propuso un partido revolucionario
sin ideología revolucionaria, una estructura sin alma. Pero, aún así, el
Partido podría ser un aparato para movilizar las masas de cara a las elecciones
u otros eventos, en este caso ha fracasado también. Lo malo es que desde que el
proceso bolivariano comenzó diferentes iniciativas organizativas fueron
iniciadas y descartadas sucesivamente (MVR, círculos bolivarianos, etc.)
Entonces, dos elementos para intentar
sacar enseñanzas de esta derrota: un movimiento popular en pañales y la
ausencia de organización revolucionaria. Pero eso no es suficiente ya que las
masas podrían haber respondido igual al llamado de Chávez.
Que fue lo que hizo que un importante número de Chavistas se abstuvieran y que
la oposición consiguiera crecer. Más arriba enumeramos las que para nosotros
eran las más destacadas propuestas de la reforma. Sin duda muchas y muy
profundas. Muchos chavistas marcaban limitaciones de algunas de ellas: hay
milicias pero ¿sin armas y subordinadas al ejército? Se proscribe el latifundio
pero ¿si el terrateniente mejora la producción de su tierra que pasa? El poder
popular se expresa constitucionalmente a través de las comunas ¿Cómo se
garantiza que esas comunas sean la célula base del poder popular del nuevo
estado y no solo organismos subsidiarios clientelares o huecos?
Toda institución encierra posibilidades contradictorias y toda ley tiene su
trampa solo el pueblo organizado hará la revolución venezolana y le dará
contenido a las instituciones que expresen el poder popular. Esa es una de las
originalidades del proceso, es abierto, son reformas desde arriba que están
planteadas como posibilidades de ir más allá de acuerdo al nivel de
organización popular que se logre. No hay partido revolucionario que garantice
una política clara y monolítica ni un movimiento popular organizado que
produzca política mas allá de Chávez.
Ahora bien, que es lo que organiza al movimiento popular, a la organización
revolucionaria, a los cuadros: un proyecto colectivo: una ideología que implica
una concepción del mundo común y alternativa, que en diferentes niveles se
exprese de diferentes formas. En Venezuela existe sin dudas muchos cuadros,
militantes y pueblo que saben que se habla cuando se habla de revolución pero
no están organizados. Quizás la gran masa del pueblo vea a Chávez como su
dignificador y nada más. Entonces, por que iba a sentir la necesidad de
comprometerse con una reforma de un profundo contenido político e ideológico
que no entiende. O mas bien por que no iba a ser permeable a la propaganda
enemiga que apuntaba al mas chato y reaccionario sentido común. De esta forma
según muestran los números la propaganda enemiga ofició de desmovilizadora de
un pueblo al que el proyecto revolucionario significa principalmente mejoras
inmediatas.
Es importante no confundir poder popular o revolución con instituciones y
nombres que lo enuncian. No hay revolución sin revolucionarios ni poder popular
sin pueblo que se conciba como sujeto activo. O sea las instituciones por si
mismas no significan nada, o como dijimos antes son solo una posibilidad. En
cambio el poder popular, que implica conciencia de si y organización social,
supervive mas allá de las instituciones, y en ellas se transforma, también, en
Estado.
Pero a pesar de la derrota, la constitución existente hoy es suficientemente
progresista como para que muchas de las reformas propuestas, sobre todo las
sociales y algunas estructurales (empresas sociales y recuperadas, latifundio,
seguridad social y derechos laborales) puedan ser implementadas mediante leyes
audaces que a la larga las vuelvan irreversibles al tornarse sentido común de
los trabajadores.
La derrota la sentimos como muy dura, a simple vista debilita a Chávez como
líder imbatible y da nuevas ínfulas a la derecha. Pero también es cierto que
obliga a la misma derecha a aceptar las reglas de juego que hasta hace poco
rechazaba y desarma el argumento del antidemocratismo de Chávez.
Por otra parte una revolución que se estanca se muere, más aún en su momento
fundador (momento que en Venezuela es particularmente largo). Dependerá de
Chávez, pero sobre todo de los militantes sinceramente revolucionarios de dotar
al proceso del alma necesaria para superar el límite que encontró este 2 de
diciembre. Esa alma solo existirá cuando tenga la base material de un proyecto común.
Porque como decía Marx la conciencia es fuerza material cuando hace carne en
los trabajadores.
En Argentina seguimos el proceso no solo con interés sino con compromiso.
Sabemos que el camino que siga Venezuela nos afecta directamente. Es para las
masas un indicador de que la soberanía y la transformación son posibles, es un
dinamizador de la lucha popular latinoamericana, es un contrapeso de los
proyectos burgueses de realineamiento con lo EEUU. La derrota dio cierto alivio
a los sectores “moderados” que representa el Kirchenerismo. El proyecto K
necesita de un Chávez menos radical, manejable y quizás, se esperanzan, ahora
el incontrolable caribeño se vea obligado a optar por la racionalidad. Nosotros
sabemos que no va a ser así que el líder venezolano sabe que el proyecto
bolivariano depende del profundizamiento de las reformas al punto de que hagan
nacer una nueva Venezuela y que la onda expansiva se sienta en toda
Latinoamérica.
Los revolucionarios venezolanos sabrán su tarea. A los argentinos nos corresponde
rodear de solidaridad a Venezuela, separar la paja del trigo entre los que
estamos comprometidos en un cambio revolucionario y los que solo buscan
usufructuar la riqueza petrolera para beneficio de proyectos conciliadores o
personales. Y sobre todo nos corresponde hacer la revolución en Argentina.
Y as similitudes. Las diferencias son
estratégicas. Primero el rol dado a la presencia concreta de las masas, a su
movilización y a su acción directa en el plano de la política, la comunicación
y la economía es opuesto en Argentina y Venezuela. Segundo, el proceso de
nacionalizaciones es de naturaleza opuesta; mientras que en Argentina se
nacionalizan empresas en “última instancia” porque el capital las ha quebrado y
el país debe hacerse cargo de su reconstrucción, en Venezuela se nacionalizan
empresas exitosas, para ponerlas al servicio de un plan consciente de
desarrollo económico nacional. Si bien ambos países dependen en gran medida de
la exportación de bienes primarios, es paradójico que Argentina (mucho más
desarrollado industrialmente) no ha impulsado en crecimiento o refundación de
alguna rama de la producción industrial ni desarrollado emprendimientos “de
base” en gran escala, acorde con un proyecto de “independencia económica”. Sólo
(por razones de necesidad) orienta a los capitalistas privados por medio de
subsidios y trabas para que hagan crecer nuestro “motor secundario”, la
industria. Mientras que en Venezuela (mucho más atrasada) el desarrollo de las
industrias de base, la transferencia de conocimientos y la creación de plantas nuevas
de producción de maquinaria, es un esfuerzo estatal permanente.
En cuestiones geopolíticas las diferencias son claras
también. En Venezuela la “defensa nacional”, la participación y preparación
popular en los asuntos militares es una tarea estratégica, cuyo fin es ubicar
al país como una voz independiente. El kirchnerismo adolece de una
despreocupación por lo militar (en realidad “lo militar”, la defensa, es
pensada por el Kirchnerismo en sentido inverso al Chavismo e inclusive al
Brasil, como un problema a esquivar) y existe, en consecuencia, una “ajenidad”
respecto del pueblo y la defensa nacional cuyo resultado es el abandono de toda
política de largo plazo que implique que nuestro país tenga un rol propio mas
allá de la geopolítica de Brasil, Venezuela u otro país con proyecto
estratégico nacional. Chávez operó internacionalmente para estructurar un eje
de países ajenos a la hegemonía occidental y aumento la vinculación económica,
militar, tecnológica y política con las alternativas existentes (Irán, Rusia,
China, el ALBA en América latina). Si bien es cierto que sigue dependiendo de
la compra de petróleo por los EEUU, es una tendencia que se deberá revertir en
el futuro por razones de que la misma economía yanqui está encontrado recursos
propios, y porque los ingresos petroleros deberán ser reemplazos con soberanía
alimentaria y desarrollo industrial. Argentina “depende” en menor medida de la
venta de soja a China, pero a cambio de productos manufacturados que están
reeditando la antigua relación perversa que deformó nuestro desarrollo en la
época de la república oligárquica (con la misma alegría). Lo de las autopartes
de Brasil también es preocupante, es una dependencia más manejable pero…
Argentina se mantiene lejos de los “cucos” del mundo, y los Kirchner se
esfuerzan en hacernos ver como civilizados con un cierto grado de
independencia. Argentina en todos estos años pareció ser un contrapeso
moderador del Chavismo en Latinoamérica. Un “tercerismo” que aparece como un
intento de quedar bien con “dios y el diablo” en un mundo en donde sólo hay dos
bloques: el imperialismo occidental y los países que luchan por su
independencia.
Sin dudas Chávez fue lo más avanzado y popular de esta etapa
de la historia latinoamericana. Venezuela tiene debes, no podemos negarlo: aun
es una economía débil. Pero nos preguntamos, ¿usar los recursos de la renta
petrolera para dignificar a las masas oprimidas y embrutecidas por generaciones
no es un prerrequisito para poder hacer una revolución industrial que coloque a
ese país hermano en el nivel de cultura y desarrollo de los países avanzados?
Creemos que sí. Que es el reto de toda revolución superar los problemas
sociales, organizar a las masas inmortales para que estén en condiciones de
hacerse cargo de su futuro más allá de los líderes que son mortales. Chávez se
fue antes de tiempo y dejó una serie de desafíos: el más importante es
demostrar que el camino de la movilización popular, del irrespeto al sentido
común hegemónico, de pensar una economía desde las necesidades del pueblo y da
la nación y no desde las variables del mercado, permite avanzar en forma sólida
hacia la creación de una sociedad superior en todos los planos. Por eso
guardaremos para siempre el recuerdo del Comandante Chávez entre los grandes de
América Latina y el mundo.
Guillermo Caviasca
14/03/2013
Barricada TV